El 1º de noviembre de 2005, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 60/7 en la que designó la fecha del 27 de enero Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. El 27 de enero fue elegido porque en esa fecha, en 1945, el ejército soviético liberó el mayor campo de exterminio nazi, en Auschwitz-Birkenau (Polonia).
A continuación, “Un día como hoy..pero en la historia” columna habitual de los Profesores María Luz Lopredo y Gonzálo Roldán que se emite diariamente por RADIO COPE AM 1410, en “Mejor, de Tarde” de lunes a viernes de 18 a 20hs.
“No se puede escribir poesía después de Auschwitz”
”Cuando hablamos de “Holocausto” hacemos referencia a un término de origen latino que significa un sacrificio humano de purificación por el fuego, y Shoá “destrucción” en hebreo. Cuando mencionamos estos conceptos, de inmediato los relacionamos con la Segunda Guerra Mundial que se desarrolló entre 1939 y 1945. Los regímenes totalitarios de Europa (nazismo y fascismo) estaban sustentados en un nacionalismo ideológicamente regresivo que una vez que eliminados sus enemigos interiores como judíos, comunistas, librepensadores, socialdemócratas, desarrollaron un fuerte militarismo con propósitos de expansión. Alemania, con Adolf Hitler a la cabeza, se manifestó con su marcha hacia el este y la conquista del espacio vital para la “raza superior aria” que pretendía ocupar territorios de Europa Oriental a costa de los pueblos eslavos. Italia acentuó su nacionalismo y la idea de un imperio colonia. Japón deseaba expandirse sobre el Pacífico para expulsar a las potencias coloniales occidentales (Holanda, Inglaterra y Estados Unidos) e imponer la hegemonía sobre el continente asiático. Estos tres países constituían las potencias del eje. La rápida derrota francesa dejó al Reino Unido sólo ante Hitler durante un corto período de tiempo. La entrada de la URSS y de los EE.UU. junto a los Aliados en 1941 desequilibró de forma definitiva la guerra a su favor. Una alianza “contra natura” de las grandes potencias democráticas y capitalistas y de la dictadura soviética puso fin a los afanes imperialistas de los sistemas fascistas y totalitarios.
Como mencionábamos al principio de la nota, esta alianza liberó a uno de los más grandes campos de concentración y exterminio nazi: el campo de Auschwitz. Fue creado en 1940 y uno de los primeros en adoptar la muerte por gas y el ultimo en acabar con ese ritual macabro en 1944. El verdadero campo de exterminio, Birkenau, era el más grande de los seis centros en los cuales se perpetró el genocidio judío (los otros eran Chelmno, Belzec, Sobibor, Lublin-Majdanek y Treblinka). La creación de Auschwitz-Birkenau fue precedida por la institución de campos de concentración, reservada como destino para los opositores políticos alemanes. Aparecieron en Alemania desde 1933 y aumentaron a partir de 1938 para finalmente, extenderse por la totalidad de los territorios ocupados por el Reich alemán durante la guerra.
Para comprender, entonces, la génesis de Auschwitz, debemos desarrollar lo que se llamó la “Solución Final” del “problema judío” en Europa. El antisemitismo constituyó en el caso de Hitler, una obsesión que se remonta a sus años de juventud en Austria, influido por demagogia pequeño-burguesa del socialcristianismo y por el nacionalismo pangermánico. Atraído por esta tradición racista y antisemita, Hitler proyectó contra los judíos sus frustraciones de artista joven en un contexto intelectual caracterizado por la presencia judía. Pero fue en Alemania de finales de la Primera Guerra Mundial donde los racistas antisemitas se volvieron la base de un movimiento político de masas, al principio desorientado, pero que se volvió más sólido alrededor del partido nazi. Desde la llegada de Hitler al poder, el antisemitismo sufrió una radicalización progresiva. Las primeras medidas discriminatorias contra los judíos se adoptaron a partir de 1933. Luego, con las Leyes de Nuremberg se extendieron abriendo las puertas a una verdadera política de persecución. En 1939, con el estallido de la guerra y la invasión a Polonia, el régimen nacionalsocialista empezó la deportación de los judíos hacia los guetos y campos de concentración. Raul Hilberg, principal historiador de la “Solución Final” señala que el exterminio era un proceso conformado por varias etapas: primero fue necesario definir a los judíos como enemigos de la “raza aria” con una legislación antisemita (1935); fueron desposeídos y reducidos a proscritos (1938); durante la tercera fase fueron encerrados en guetos y campos de Europa Oriental (194-1944); finalmente, fueron eliminados (1941-1944). No fue un proceso planificado, sino el resultado de un grupo de medidas relacionadas. Se fue generando debido a la radicalización progresiva de la política y el sistema nazi de dominación. El genocidio judío era producto de la guerra. Era un evento completamente inconcebible fuera del contexto psicológico, social, político y militar creado por la guerra. Sólo la segunda Guerra Mundial permitió al odio viseral contra los judíos y el anticomunismo de Hitler unirse en una lucha total contra el “judeobolchevismo”.
Los campos de exterminio nacieron de la fusión de dos sistemas preexistentes: las cámaras de gas, introducidas durante la invasión en el frente ruso y los campos de concentración que se concibieron para la deportación política y la explotación de la fuerza de trabajo conformada por prisioneros de guerra. Controlados por la Oficina de Economía de las SS, estos campamentos se volvieron el ámbito principal de acción de la política de exterminio decidida por el Ministerio del Interior, la Policía y los órganos de política racial.
Auschwitz era el campo de exterminio más grande que operó bajo el Tercer Reich. Allí encontró la muerte la mayor cantidad de víctimas, no sólo judías, sino también gitanas, rusas, polacas. Tuvieron así representación todas las categorías de “enemigos”, según la obsesiva clasificación nazi: los “subhumanos”: judíos, gitanos, testigos de Jehová, homosexuales) Era el lugar principal en relación con el proceso de exterminio racial, ya que entre un millón y un millón y medio de judíos fueron eliminados por cámaras de gas; y por el trabajo (261.000 víctimas entre 405.000 deportados). Funcionó asi como una fábrica productora de muerte. Los cuerpos de las víctimas eran quemados en el horno crematorio del campo, cuyas chimeneas evocaron las formas arquitectónicas más tradicionales del paisaje industrial. Todo lo que podía recuperarse de las victimas se almacenaban en depósitos. Por ello, durante la liberación de los campos los aliados descubrieron montañas de cabellos, zapatos, valijas, etc. Las autoridades que manejaron los campos de concentración eran burócratas, ejecutores disciplinados. Rudolf Hoss, comandante de Auschwitz dijo en su macabro relato: “Yo era un engranaje inconsiente de la inmensa máquina de exterminio del Tercer Reich”.
“Auschwitz demostró irrefutablemente el fracaso de la cultura”, dice Adorno. Repensar el genocidio judío debe ser un custionamiento permanente a nuestra civilización y en el mundo en que vivimos; el mismo que fue capaz de generar el horror de las cámaras de gas.”











