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Cultura
A FUEGO Y DEGÜELLO EL MALÓN DE 1857 EN 25 DE MAYO
Por: Prof. Lis Solé
A FUEGO Y DEGÜELLO  EL MALÓN DE 1857 EN 25 DE MAYO

En la realidad y sin las innovaciones propias del progreso y la tecnología de los últimos 150 años, la campaña bonaerense y precisamente los partidos de Saladillo, Veinticinco de Mayo y Tapalqué distaban mucho de lo que se enseña en la escuela.


Los partidos de Roque Pérez y General Alvear no existían y desde el Río Salado hasta los límites de Tapalqué al sur, la llanura era una gran masa de tierra plana cruzada por los Arroyos Vallimanca y de Las Flores donde cada cual se disputaba el poder sin tener vergüenza de cambiar de bando al primer postor.


En un rejunte impresionante de indios, criollos, chilenos e inmigrantes de Europa, cada quien luchaba por sobrevivir. A la inmigración que bajaba de los barcos se le agregaban paisanos del interior: santafesinos, santiagueños, mendocinos, gente de Catamarca, San Luis o Córdoba llegaban con la esperanza de que se hiciera realidad la mentada “reorganización nacional” prometida después de la caída de Rosas en 1853.


Ante la queja del vecindario de Azul y Tapalqué por robos y entraderas de los pampas de Catriel que aprovechaba las luchas políticas del nuevo Estado, el Gobierno designó al hermano político de San Martín, don Manuel de Escalada, para tratar de apaciguar a los indios con la promesas de abundantes regalos.


Pero mientras tanto, Calfucurá invadió por el Oeste a fines de marzo del aciago año de 1857.


¿Qué había sucedido?



LAS CAUSAS DE LA INVASIÓN: LA MALA DISTRIBUCIÓN DE PROVISIONES


En Veinticinco de Mayo los indios amigos estaban a cargo del Mayor Valdebenítez y entre sus lugartenientes se encontraba el indio Cristo. La


comandancia militar estaba a cargo del Comandante Benjamín Llorente que tenía a su mando algunos centenares de soldados y la tribu de Rondeau a la que pertenecía Cristo.


Moisés Curiel, historiador de Veinticinco de Mayo, cuenta que el Gobierno enviaba con regularidad carne, sal, galleta, yerba y tabaco que se racionaba en partes iguales para soldados e indios pero ese racionamiento local estaba mal distribuido: las quejas llegaban hasta la comandancia desde donde salían promesas que no se cumplían en la mayoría de las veces.


El indio Cristóbal Carri-llang conocido como Cristo, tomó cuenta de esto y consideró que por fin había llegado la hora de ejecutar el plan que venía mascullando desde hacía tiempo y fue así que el 27 de diciembre de 1856, se fue con un importante número de indios hacia el sur con intenciones de vengarse por esa vida de miseria.



EL INDIO CRISTO, CALFUCURÁ Y BALDEBENÍTEZ


Esta sería la primera explicación de la invasión pero, según Avendaño, existían serias competencias y recelos entre Carri-llang y José Valdebenito, encargado de los Indios en Cruz de Guerra. Este último había difundido rumores contra él y sus hermanos, acusándolos de tener relaciones subrepticias con Calfucurá cosa que puede haber sido muy probable.


Quizás las dos hipótesis fueron las que provocaron el estallido.


Lo cierto es que Carri-llang reunió a una treintena de borogas, “tomó” algunos cautivos y animales, y emprendió la marcha tierra adentro.


La noticia de la huida de Cristo cayó como una bomba entre la población que se dividió entre los que reclamaban por el trato despreciable hacia los indios -en cambio del trabajo que realizaban como criadores y labradores-, y el temor de invasión de Cristo ahora aliado y empoderado con Calfucurá.


El hecho sembró el pánico.


Sin embargo, nada pasó.

La gente empezó a pensar que solo era una deserción sin consecuencias.


Pero llegó el 26 de marzo de 1857.


Según contaba el Comisario Haedo en su carta a Dionisio Pereyra, después de una noche tenebrosa, amaneció despejado, sin presagios del peligro que llegaría hasta que unos de los indios bomberos llega a hasta lo de Valdebenítez que, a galope tendido, se va hasta la Comandancia de Llorente para comentarle que la descubierta había visto indios malones: ¡3.000 indios de Calfucurá al mando del indio Cristo!



ENTRARON QUEMANDO Y DEGOLLANDO


¿Quién podría detener semejante horda enseguida con el ánimo de robar y matar? El mayor Valdebenítez pidió con insistencia al Comandante Llorente que le permitiese salir con sus indios a dar una lección a los invasores pero inexplicablemente, Llorente, acobardado o por temor de una derrota aún más grave, no concedió el permiso.


Serían las seis de la mañana cuando ya estaban los indios a tres cuadras de la plaza y el fuego devoraba la casa de Valdebenito; en rumbo opuesto, degollaron a una Sra. anciana y lancearon a su hijo y a otro ciudadano desolando todas las manzanas céntricas robando, asesinando, incendiando y recogiendo todo lo que encontraban.


Los vecinos del pueblo se reunieron enardecidos pidiendo al Comandante Llorente que atacaran a los indios pero... todo se convirtió en marchas y contramarchas.


La invasión duró hasta media tarde cuando se empezaron a retirar los indios dejando 30 muertos y cerca de 300 cautivos además del robo de unas… ¡60.000 cabezas de ganado! El sueño de venganza del indio Cristo se había cumplido.


Al ponerse el sol, el comandante Llorente marchó para reunirse con el Coronel Laureano Díaz para salir al día siguiente desde Cruz de Guerra. Cuando estaban decididos a emprender el ataque los primeros tiros de cañón rompieron con el cuadro de la caballada que, asustada, se desbandó. El Coronel tuvo que salir a


salvar los caballos mientras los demás luchaban con los indios rezagados; allí fallecieron otros cinco indios y cuatro guardias fueron heridos. Como la fuerza del Veinticinco de Mayo no llegaba, el Coronel Díaz, ya de noche, tuvo que retirarse.


Los indios, -en número de unos mil incluyendo la chusma que se ocupaba del arreo-, desaparecían en el horizonte llevándose consigo un rico y valioso botín de haciendas y cautivos cristianos: no hubo vacas, ovejas ni yeguas que no arrearan.



SIN AVISO Y A MERCED DE LA BARBARIE


¿Cómo fue posible semejante invasión y devastación si los indios no tenían armas de fuego sino más que cuchillos y lanzas? El Juez de Paz Eusebio Cabrera con los vecinos Victoriano Abrego, Antonio Islas y el Cura Bibolini habían concentrado a la gente que tenía menos posibilidades de defenderse pero los sorprendió la rapidez con que los indios llegaron al centro del pueblo sin ninguna nota de alarma.


El Comisario Haedo cuenta al Capitán de Guardias Nacionales Pereyra que los indios ya andaban en las inmediaciones a las 10 de la noche anterior pero lamentablemente, las familias descansaron tranquilas en la seguridad de que en caso de peligro, se daría el aviso por medio del cañón o de una generala.


¡Pero nada alertó a la población porque el Comandante insistió que era alarmar las familias sin reparar que mayor mal causaba el silencio!


Muchas personas murieron lanceadas. Ruinas, desolación, muerte y llanto rayano en la desesperación, en la aflicción de los padres, maridos y demás deudos de las desgraciadas familias de los cautivos.


Sobre los hechos sucedidos, algunos echarán culpas al Comandante Llorente que no puso sobre aviso a las familias del peligro que se avecinaba y a su falta de decisión que reprimía a los hombres de contraatacar; otros aseguran que la invasión del 26 de marzo fue producto de la traición del indio Cristo motivada por el maltrato y desinteligencia en la provisión y administración de alimentos


provistos por el Gobierno: mezquindades y ejemplos que abundan en la historia argentina.


La historia se repite en distintas épocas y contextos.


Parafraseando a Moisés Curiel: Ojalá las causas y efectos pesaran por siempre sobre la conciencia de los hombres que por su falta de patriotismo, coraje y amor por el pueblo, producen su angustia y padecimiento.



Imagen:


Ilustración de El Malón. Colección Robin Hood.


Bibliografía:


Carta del Comisario de Veinticinco de Mayo Don Félix Haedo al Capitán de Guardias Nacionales de Saladillo Don Dionisio Pereyra. 30/03/1857.


Capdevila, Rafael Darío. Pedro Rosas y Belgrano.1973.


Luciano Literas. Poder y política en una tribu de indios amigos. La sublevación y el liderazgo de Carri-llang (1852-1862)


Moisés Curiel. Veinticinco de Mayo desde su fundación. 1898.